Un tal Bertold Brecht

Cuadro único

 

Una boda tardía: Mackie Navaja, y Polly Peachum, como si acabarán de salir de su ceremonia de matrimonio algo clandestina, desfilan con teatral solemnidad, en un cortejo secundado por un prelado (puede ser un cura o un pastor) y tres granujas vestidos con fracs descoloridos y decadentes, son ellos los socios malhechores de Mackie, todos se desplazarán por el Lobby del teatro. Los espectadores les arrojan puñados de arroz, como en las bodas. Cuando llegan al escenario, los Tres granujas se levantan y cantan, vacilantes, desganados, inseguros:

Bill Lawgen y Mary Syer
Son al fin marido y mujer.
¡Que sean felices!
¡Viva! ¡Viva!

Desaparecen a través del telón de fondo, que es una cortina que se descorre con un artesanal sistema de poleas. Al descorrerse dicha cortina se aprecia el depósito de miserias humanas, el local de Jonatán Jeremías Peachum (El Rey de Lo Mendigos).Música: Un conjunto o banda de músicos entre rock, pop y jazz, interpreta el Preámbulo de la Opera de Los 3 centavos.

Ahora, dos actrices ataviadas con trajes de prostitutas se dirigen insinuantes al público.

Prosti 1: – Oh, my god, ¿qué está pasando?…

Prosti 2: – Los mendigos, mendigan…

Prosti 1: – los ladrones roban…

Prosti 2: – Las putas hacemos de putas…

Prosti 1: – Los políticos mienten…

Prosti 2: – Los hampones compran bancos…

Prosti 2: – Los rufianes van a misa…

Prosti 1: – Los bandidos hacen las leyes…

Prosti 1 y 2: – Y todos en este país contentos, felices y comiendo perdices…Oh, my god…y ahora… ¿quién podrá explicarnos todo esto?

Fanfarria. En seguida, en una suerte de tarima, un gran muñecón vestido con pantalón y camisa negros, cabello demasiado corto, de anteojos; fumando un gran tabaco, se pregunta:

Muñecón-Brecht: – Señoras y señores… Damas y caballeros… ¿ustedes saben quién soy yo?

Fanfarria. Música alusiva a la Opera de los tres centavos. Desfile de Mendigos con ropajes y utilería especiales para la ocasión. En lo alto cuelgan los carteles del negocio de Jonatán Jeremías Peachum (El Rey de Lo Mendigos), con citas alusivas a pasajes bíblicos: “A dios rogando y con el mazo cobrando”, “Dios siempre nos guiará, siempre y cuando paguemos el diezmo al pastor”, “Dad, y os será dado (el préstamo)”…

Peachum: – En la Biblia hay cuatro o cinco proverbios capaces de conmover el corazón más endurecido de los fieles; pero en cuanto se acaba su eficacia, uno se queda en la calle. Miren, por ejemplo, éste: “Dad, y os será dado“. Hace apenas tres semanas que está colgado aquí, y ya está gastado, pasado de moda, peor que las canciones de Juanes

Voz: – ¡Juanes19 – 74!

Peachum: – Hay que ofrecer siempre algo nuevo. Como dicen los artistas en estos tiempos, “tenemos que reinventarnos”. Hay que hurgar más en la Biblia, o en los evangelios apócrifos. ¿Pero hasta cuándo será posible?

Ahora cantando en alabanza. Suena una campanilla.

¡Despierta, oh vil pecador!
¡Comienza tu diario vivir!
Demuestra tu picara acción,
Que Dios sabrá hacerte sufrir.

A propósito de pecadores, ¡Señora Celia, mi amor!, ¿Estás sorda? Hace media hora que llaman al negocio, ¿Quién será a esta hora?

Luego de golpear con violencia la puerta, aparece Filch-El Liso, Uno de los personajes que anhela convertirse en Mendigo.

Filch-El Liso: – ¿Es usted el propietario de la Compañía “El protector del mendigo”? Es que me lo han recomendado muy bien. ¡Mierda! (Mirando detenidamente los avisos) Estos sí que son proverbios de verdad, ¡pura literatura! un verdadero capital. Dígame, ¿tiene una bodega entera de estas cosas? ¡Esto es diferente! Uno como yo…, ¿cómo le digo? ¡Sin preparación! ¿Cómo va uno a progresar en el negocio?

Peachum: – ¿Su nombre?

Filch-El Liso: – Vea usted, señor Peachum, desde chiquito me ha perseguido la desgracia. Mi madre, una borracha; mi padre, un jugador, mi hermano, maricón, y mi novia más puta que las gallinas piropas, que se lo dan hasta a los gallos sidosos por granos de maíz… Desamparado desde mis primeros años, careciendo hasta de la mano amorosa de una madre, me fui hundiendo cada vez más en el pantano de la gran ciudad, jamás conocí cuidados paternales, ni los beneficios de un hogar acogedor. Y aquí me ve usted…

Peachum: – Aquí lo veo…

Filch-El Liso:(Confuso)…exento de medios, presa fácil de mis bajos instintos…

Peachum: – … si, como un barco a la deriva, como un perro sin su amo, sin a quien lamerle la mano, etcétera, etcétera, etcétera. Y ahora dígame, mi estimado barco a la deriva, ¿en qué localidad de la ciudad declama usted esa fábula de niños?

Filch-El Liso: -¿Cómo, señor Peachum?

Peachum: -Porque me imagino que toda esa mierda la interpreta en público, ¿verdad?

Filch-El Liso: – Vea usted, señor Peachum, ayer se produjo un pequeño incidente en Los Mártires. Estaba tranquilamente parado en una esquina, abatido y desdichado, sombrero en mano, sin pensar nada malo…

Peachum:(Consultando una cuaderno de notas). ¿Los Mártires?… Sí, sí, ya veo. Tú eres el cochino a quien Jacobo y Robert sorprendieron ayer: tuviste el descaro de molestar a los transeúntes. Esta vez nos hemos contentado con una paliza, porque suponemos que tú desconoces las reglas de la urbanidad. Pero si vuelves a mostrarte por allí, usaremos la…¡ta ta ta ta ta!…¡ta ta ta ta ta!… (Onomatopeya para hacer alusión a la moto sierra.) ¿Entendido?

Filch-El Liso: – Sí, sí, señor Peachum. ¿Pero dígame, por favor, qué debo hacer ahora? Esos dos H P… perdón, honorables parlamentarios, hijos de la grandísima, después de haberme dejado negro de moretones, me entregaron su tarjeta comercial. Si me quitase el saco, le parecería estar viendo un batido de bofe.

Peachum: – Hijo mío, mientras no tengas aspecto de estar vuelto mierda, seguiré pensando que mi gente ha sido demasiado considerada contigo. (Al público) Miren ustedes… Llega aquí un mocoso y cree que con sólo tender la mano en Transmilenio, tendrá asegurado sus tres golpes, su cuarto en el Santafé, con derecho a putas y a travestis! (Al público) ¿Qué dirían ustedes si de su estanque les sacaran los mejores peces?

Resumiendo, mi distinguido señor Don Batido, la licencia sólo se concede a los profesionales. (Señala, afectando gravedad, un plano metropolitano.)La ciudad se divide en veinte localidades. Quien tenga intención de ejercer en alguna de ellas la profesión de mendigo, o de ñero, necesita una licencia otorgada por Jonatán Jeremías Peachum &Cía. ¡No faltaba más! De otro modo podrían intentarlo todos, ¡todos!, con la historia de ser presa fácil de sus bajos instintos… y ahora con tanto veneco…

Filch-El Liso: – Señor Peachum, sólo pocos centavos me separan de la ruina absoluta. Tengo que hacer algo, pues con dos chichiguas en el bolsillo…

Peachum: – ¡Son veinte mil pesos!

Filch-El Liso: -¡Señor Peachum! (Indica con gesto implorante un cartel en el que se lee:No cerréis vuestros oídos al lamento del mísero“. Peachum saca rápidamente otro donde está escrito: “Dad, y os será dado”.)

Peachum: – ¡Son veinte mil pesos! Y el cincuenta por ciento, con rendimiento semanal de cuentas. Ah, con equipo, eso asciende al setenta por ciento.

Filch-El Liso: – ¿Y en qué consiste el equipo?

Peachum: – Eso lo decide la empresa… acuérdese que estamos en plena era de la Economía Naranja… cuya política, algunos malpensados, han definido como el exprimir y sacarle el jugo a los nuevos emprendedores…que no es el caso de nosotros, por supuesto.

Filch-El Liso: – ¿Y en qué localidad podría trabajar?

Peachum: – En lo que quedó del Bronx. Allí están los más baratos porque están en obras de remodelación: sólo el cincuenta por ciento, incluido el equipo.

Filch-El Liso: – Sírvase, como usted diga, señor. (Paga.)

Peachum: – ¿Su nombre?

Filch-El Liso: – Carlos Filch.

Peachum: – Está bien, señor Don Charly Liso. (Grita.)Señora Peachum. (Entra la señora Peachum.) Este es Filch. Número trescientos catorce. Localidad de Los Mártires– en el Bronx. Yo mismo haré la inscripción en el registro. Naturalmente, querrá empezar el trabajo en seguida, antes de los festejos del Aniversario de la Independencia: la única época en que se puede ganar algo. ¡Equipo C! (Descorre la cortina de un armario, y aparecen cinco maniquíes de plástico.)

Estos son los tres prototipos de la miseria, sí, esos que tienen la facultad de conmover el corazón humano. Su vista provoca en el hombre ese estado de ánimo antinatural en que se muestra dispuesto a soltar el billete.

Equipo A: Víctima del intenso tránsito, la polución y el cambio climático. El alegre paralítico, siempre de buen humor (lo imita), siempre despreocupado; el efecto se aumenta con un muñón.

Equipo B: Víctima de la guerra o del posconflicto. El insoportable hombre del tembleque, horroriza a los transeúntes, trabaja mediante el asco (lo imita); el efecto se mitiga merced a las condecoraciones al valor.

Equipo C: Víctima del desarrollo industrial. El ciego digno de compasión, o sea la alta escuela de la mendicidad. (Lo imita, caminando vacilante hacia Filch. En el momento en que va a tropezar con el joven, éste lanza un grito angustioso. Peachum se detiene, lo mira con asombro y, de inmediato, se pone a rugir.) ¡Tiene compasión! ¡Jamás llegarás a ser un mendigo! Un hombre como usted sólo sirve para transeúnte.

Bueno, veamos el equipo…C! (A la .mujer.) Celia, otra vez has bebido, y ahora ni puedes abrir los ojos. El número ciento treinta y seis ha protestado por su traje. ¿Cuántas veces tendré que decirte que un caballero no se pone cosas tan mugrientas? El ciento treinta y seis pagó por un equipo completamente nuevo, sin uso, Las manchas indicadas para despertar compasión debían hacerse con cera de velas y una plancha caliente. ¡Claro, nadie piensa! ¡Todo tiene que hacerlo uno mismo! (A Filch.) Desvístete y ponte esto, pero cuídalo bien.

Filch-El Liso: – ¿Y qué será de mis cosas?

Peachum: – Quedan en depósito aquí en la empresa.

Filch-El Liso: -¡De modo que usted vuelve a usar mis cosas!

Peachum: – Bueno, pregunta menos, y ponte enseguida estas cosas.

Filch-El Liso: – ¿No le parece que están algo sucias? (Después de una penetrante mirada de Peachum.)
Perdóneme, se lo ruego; por favor, perdóneme.

Señora Peachum: – Muévete un poco, muchacho; no voy a estar aquí teniéndote los calzones hasta la Navidad.

Filch-El Liso:(De pronto con violencia). ¡Pero los zapatos no me los quito! ¡De ningún modo! Antes renuncio a todo. Son el único regalo de mi pobre madre, y nunca, nunca jamás, por más bajo que pueda caer…

Señora Peachum: – Déjate de guevonadas, sé perfectamente que tienes los pies cochinos.

La señora Peachum conduce a Filch-El Liso detrás de la cortina, luego se vuelve a planchar un traje.

Peachum: – Señora Celia… ¿sabes tú, en estos momentos, dónde está tu hija?

Peachum y su esposa se ubican delante del telón y cantan.

Peachum: – En vez de…en vez de…
En la cama de su casa dormir bien,
¡Quieren juerga!,
Como si debiesen todos sus caprichos imponer.

Señora Peachum: – Eso es la luna sobre Soho,
Eso es el maldito “¿Sientes latir mi corazón?”,
Eso es el “Adónde vas tú, yo también voy; oh, Johnny”.
¡Si la luna creció y el amor nació!

Peachum y Señora Peachum: – ¿Dónde está la luna sobre Soho?
¿Qué queda del maldito “¿Sientes latir mi corazón?”?
¿Dónde está el “Adónde vas tú, yo también voy; oh, Johnny”?
¡Si la luna creció y el amor nació!

Muñecón-Brecht: – Señoras y señores… Damas y caballeros… les pregunto de nuevo… ¿ustedes saben quién soy yo?

Se escucha una gran fanfarria, para que haga su aparición el coro de prostitutas, danzando en una coreografía de Jazz elaborada para la ocasión, pero que terminará en Danza Urbana.

Coro de prostis: – ¡Pues este hombrecito es nada más ni nada menos que un tal Bertold Brecht!

Gritos, vivas, y aplausos. En medio de la multitud, y subidos en una especie de tarima portátil, que en realidad son canastas de cerveza, intervienen Mackie Navaja, y su amada Polly Peachum. El con su traje de gala, sacoleva, chaleco, sombrero de copa, polainas, guantes de fieltro y bastón con empuñadura de oro; ella con traje blanco, de novia, ramo y todos los juguetes de una ceremonia de matrimonio.

Mackie: – Bueno, mi hermosa Polly, luego de esa luna de miel en Soho, de esa noche encantada, donde nos
hemos jurado amor eterno, contémosle a estos despistados, quién fue en verdad ese tal Bertold Brecht…

Polly: – Mackie, mi amor… y… ¿ese señor no tiene nada que ver con el tal Odebrecht?

Fanfarria. Risotadas del grupo de Mendigos y del coro de prostitutas.

Mackie: – Pues, sí, y bastante, mi hermosa y candorosa esposa…es verdad. Pues si este señor hubiera vivido en estos tiempos, lo más seguro es que también hubiera escrito muchas obras denunciando la corrupción en este país, tema al cual nosotros nos empeñamos con mucha devoción. Entonces: miren y aprendan…

Polly: – Si, estudien vagos…

Fanfarria

Muñecón-Brecht: – Yo soy Bertold Eugenio Brecht, nací un 10 de febrero de 1898 en el seno de una familia burguesa en Augsburgo. Mi padre era un católico acomodado, gerente de una pequeña fábrica de papel, y mi madre, protestante, hija de un funcionario público, mejor dicho, de un burócrata.

Nací de padres acomodados.
Pero la gente de mi clase no me gustó…
Y abandoné a mi clase…
Y me unía la pobre gente.

Desde joven fui muy rebelde, me sentía atraído por lo distinto, lo extravagante, y me empeñaba en vivir al margen de las normas de mi época. En la escuela fui un tanto precoz, con inclinaciones intelectuales, y así terminé el bachillerato involucrado en un escándalo por escribir un ensayo contra la guerra.

Ya en los años treinta, en mi natal Alemania, la marea estaba muy difícil, peor que aquí en la época de la Seguridad Democrática. En esa época, mi padre quería que fuera ingeniero, mi madre, médico, pero…

Cantando y haciendo parodia de cierta canción de plancha

Pero… yo no nací para alagar
Yo no nací para respetar
A los que siempre nos han querido fregar…

Sí, en verdad yo nací fue para denunciar las injusticias…pero sobre todo para cambiar este mundo, porque esta sociedad capitalista fue hecha a la medida de los que siempre están arriba, pisoteando los derechos de los de abajo; por esta razón planteo que el arte tiene que cambiar la sociedad, tiene que fustigar a los que detentan el poder, a los dueños de las finanzas, pero para eso, tenemos que cambiar al hombre, y lo cambiaremos con el arma más poderosa después de la bomba atómica:

Coro de todos: -¡El teatro!

Cantando

Sus historias,
Estremecen,
Porque ponen en cuestión,
Esta cloaca maloliente
De injusticia, y represión.
Sus poemas,
Nos carcomen,
Denunciando que en un crimen
Siempre están los poderosos
Con su doble, y su triple moral.

Los mendigos bailan con las prostitutas. Música de la opera de los tres centavos. De nuevo Peachum pregunta a su mujer sobre la suerte de su hija.

Peachum: – Señora Celia, usted se ha embobado creyéndose Carmiña Gallo, la estrella de la ópera, pero aún no ha contestado a mi pregunta fundamental… ¿Dónde diablos está su hija en este preciso momento?

Señora Peachum: – ¿Polly?…umm… Está arriba.

Peachum: – Dime, ¿volvió a ver a ese tipo? ¡Carajo! Ese que siempre viene cuando yo no estoy en casa.

Señora Peachum: – No seas tan desconfiado, Jonatán; ese tipo es lo que en la alta sociedad podríamos llamar un “gentleman”, una persona chirriadísima. El señor capitán, el jefe de la Policía Metropolitana siente mucha simpatía por él y por nuestra Polly.

Peachum: – ¡Ah!

Señora Peachum: – Y si aún crees que no tengo dos dedos de frente, descuenta que también Polly le ha echado el ojo.

Peachum: – Celia, estás despilfarrando nuestra hija como si yo estuviera podrido en plata. ¿Acaso quieres que se case? ¡Un novio! ¡De inmediato nos tendría en sus garras! Así nos tendría, así. ¿Crees que tu hija, en la cama, sabrá tener la boca cerrada mejor que tú?

Señora Peachum: – ¡Buen concepto tienes de tu hija!

Peachum: – El peor. El peor de los peores conceptos. No es más que un montón de sensualidad.

Señora Peachum: -. Pues de ti no la habrá heredado…

Peachum: – ¡Casarse! La hija ha de ser para el padre, lo que el pan es para el hambriento…(Hojea la Biblia.)Hasta la Biblia lo dice, pero no sé muy bien dónde. ¡Casarse! Después de todo, una de las peores porquerías. Ya le quitaré yo de la cabeza eso de casarse. Para mí, para Jeremías Jonatán Peachum, perder el mugre de una uña equivale a morir de inanición.

Señora Peachum: – Demasiado tarde te has dado cuenta, Jonatán, mi querido patriarca; bastaría con que hubieras contemplada la algarabía de toda esa gente de extrañas ideas que asiste a este teatro para darse cuenta que nuestra virginal Polly ya es la señora de ese tal Mackie, El Navaja.

De nuevo los mendigos bailan con las prostitutas. Música de la opera de los tres centavos.

De pronto Mackie Navaja, llama al orden. Alguien interpreta la balada de Mackie Navaja.

Si el diablo tiene cuernos
La serpiente cascabel,
Mackie tiene una navaja
Pero nadie la puede ver

Jamás deja un rastro en un crimen
Es astuto como el chacal,
Con sus guantes, Mackie el navaja
Borra huellas, sus huellas de rufián.

Un domingo descubrieron
Un cadáver tirado en un portal,
Nadie dijo que vio una sombra
Doblar la esquina sin mirar atrás.

Pero en los barrios que dan al rio se bebió
Con el dinero que rodó en un zaguán
Y suena una canción que habla de Mackie,
El rey de los bandidos ha vuelto a la ciudad.

Mackie: – Bueno, ya, se acabó la guachafita, orden por favor…. No se les puede dar confianza…ya se parecen a esos facinerosos que organizan huelgas, paros, protestas de terroristas, ¿cómo les parece, ah? Pues bien…Yo soy Mackie Navaja, el Rey de los bandidos.

Bueno, Polly, mi amor…te decía que Bertold Brecht, nuestro muy ilustre y retorcido creador, además de ser un gran poeta, escribió muchas obras de teatro… Según Wikipedia… Utilizó la radio, el teatro y el cine para despertar al espectador y hacerlo pensar. ¡Como si eso fuera tan fácil! En 1933 fue acusado de alta traición y se tuvo que exiliar en diferentes países. Durante esos años escribió sus más famosas y comprometidas obras teatrales, aparte de la que me ha otorgado el privilegio de ser su protagonista.

Un mendigo Levanta un cartel en el que se lee en alemán: “Die Dreigroschenoper”, otro, la traduce al español: La Opera de los 3 centavos”,

Polly: – Y yo también, Mackie, no seas tan egoísta, está bien que seas un bandido, pero no me vas a desconocer que también soy una creación de ese señor Odebrecht…

Mackie:– ¡Brecht!… Polly…¡Bertold Brecht! Concéntrate, por favor. Bueno, decía que nuestro autor escribió muchas, pero muchísimas obras de teatro, entre las que podemos subrayar…Miren y aprendan…

Polly: – Sí… lean, vagos…

Fanfarria. Los Mendigos, se aproximan al público y sacan carteles alusivos a las obras de Brecht, como por ejemplo:Madre Coraje y sus hijos”, “Vida de Galileo Galilei”, “Santa Juana de los Mataderos”.

Muñecón-Brecht: – Bueno, empecemos entonces con Madre Coraje y sus hijos,

En el extremo derecho del escenario se descorre un telón con esa inscripción en alemán:Mutter Courage und ihre Kinder”, y en donde está congelada la escena de Madre Coraje en su carreta, tirada por sus propios hijos

La cuestión se sitúa durante la Guerra de los treinta años, una guerra muy parecida a la que viven ustedes aquí en su país y que está amenazada por un proceso de paz. En aquellos años, Anna Fierling (Madre Coraje), ahora, si ustedes desean, pueden colocarle otro nombre, como hacen los grupos de vanguardia; decía que esta mujer es una astuta vendedora ambulante que para sobrevivir sortea hábilmente las diferencias entre católicos y protestantes(esa era la polarización en la Europa de ese momento), siguiendo con su carromato al ejército sueco, sacando partido de la guerra y del dolor humano. Claro, obtiene algunos beneficios pero el precio que ha de pagar son sus tres hijos: Eilif, Requesón, y Catalina la muda. Al final los tres mueren acribillados y Madre Coraje queda sola a pesar de que la guerra aún no había terminado. Entonces ahora sí, miren a ver si aprenden algo…de la guerra.

La acción en el extremo derecho del escenario se descongela. Madre coraje y sus hijos cantan

Coro:

Hey capitán, detén tus tropas,
Que el tambor deje ya de batir,
Madre coraje os vende botas,
Será más fácil, combatir.
Con sus piojos y la sarna,
Armas de arreo y de cañón,
Han de marchar a la batalla
Con uniformes sin remiendos
Hey, buen calzado es condición.
Ya es primavera.
¡Alzad, cristianos!
Deshiela la nieve.
En paz están las fosas.
Y quien aún no esté muerto
Ponga los pies en polvorosa.

Encuentro de Madre coraje y sus hijos con el Cabo y un Reclutador de tropas que están en un retén militar tiritando de frío.

Cabo: – ¡Alto! ¿A quién pertenece, esta gentuza?

Eilif: – A la comunidad del Segundo Distrito de Orocué.

Cabo: – ¿Y los documentos?

Madre Coraje: – ¿Papeles, quiere decir?

Requesón: – ¡Pero si es Madre Coraje!…

Cabo: – No he oído hablar nunca de esa vieja. ¿Por qué se llama Madre Coraje?

Madre Coraje: – Me llamo Coraje, Cabo, porque temiendo la ruina de la familia, me vine desde el Caguan al Catatumbo, o sea de Guatemala a Guatepeor, y pasé en medio del fuego de la artillería con cincuenta canastas de empanadas de pollo en el carro. Ya se estaban agriando, no había tiempo que perder y no tuve otro remedio.

Cabo: – Basta de bromas, ¿eh? ¡Los documentos!

Madre Coraje:(Saca de un viejo baúl un montón de papeles y baja de la carreta)

Aquí tiene todos mis documentos, Cabo. Un misal entero, que es de Piendamó, y de pronto sirva para envolver tamales, y un mapa de Anserma la vieja; Dios sabrá si de pronto algún día volveré por allá donde dejé familia, bueno, y si eso no me sirve para un carajo, acá está el certificado de vacuna contra la aftosa de Gualanday, el caballo; lástima que igual, se nos murió; costó dos palos, pero no fue plata mía, a Dios gracias. ¿Le bastan como documentos?

Cabo: – ¿Quiere mamarme gallo? Ya le he de hacer cambiar esos chistecitos. Sabe que es obligación tener la licencia.

Madre Coraje: – No señor, cómo se le ocurre, hablé con gracia, que es diferente. ¿No tengo cara de honrada? Antes con la sola palabra era suficiente. Pues, sí tengo permiso de la Segunda Brigada, (Mostrándole una hoja) y si no sabe leer en ella, peor para usted. ¡No voy a dejármela montar de cualquier tombo con cara de sargento!

Reclutador: – Cabo, no sé, pero noto un tufillo de subversión en esta vieja. Mire señora, lo que necesitamos es seriedad en este retén.

Madre Coraje: – Yo creía que era un poco de salchichón…porque también vendemos salchichón cervecero…

Cabo: – ¡Nombre!

Madre Coraje: – Ana Loaiza.

Cabo: – ¿Todos son Loaiza?

Madre Coraje: – No necesariamente. Yo soy Ana Loaiza. Ellos, no.

Cabo: -¿Entonces estos no son hijos suyos?

Madre Coraje: – Claro que sí, lo son, pero no tienen por qué tener el mismo apellido (Señalando al mayor). Ese, por ejemplo, se llama Eilif Novoa, aunque su taita decía llamarse Navarro. El chico se acuerda muy bien de él, sólo que es a otro a quien él recuerda, a un costeño de barbita. Pero fuera de eso, heredó del padre la inteligencia. Aquél era capaz de sacarle el pantalón del trasero a un pendejo sin que el otro se diera cuenta. Y así cada uno de los otros tiene su nombre.

Cabo: – ¿Cómo? ¿Todos con apellidos distintos?

Madre Coraje: – Como si usted no supiera como son las vainas.

Cabo:(Señalando al menor) Entonces ése ha de ser un corronchito, ¿no?

Madre Coraje: – Pues no le pegó al perro, es santandereano.

Cabo: – ¿Por el cucuteño?

Madre Coraje: – ¿De qué cucuteño me habla? Yo no sé nada de cucuteños. No confunda las cosas; si no, estaremos discutiendo aquí hasta la noche. Es un santandereano, pero de san Gil; pero se llama Albeiro, un nombre que no tiene nada que ver con su padre. Ese se llamaba de otro modo y era obrero constructor en el cantón de fortines, pero un borrachín de siete suelas.

Requesón asiente con amplia sonrisa, y también la muda Catalina se divierte.

Cabo: – ¿Entonces cómo es que se llama Albeiro?

Madre Coraje: – Mire mi Cabo, no quiero ofenderlo, pero como dicen los muchachos ahora, usted es muy videoso. Naturalmente, se llama Albeiro porque cuando vino él yo estaba con un paisa, a quien ya no le importaba, porque tenía un problema en el hígado, y eso que nunca bebía ni una gota de ron, puesto que era un hombre decente. El muchacho salió a él.

Cabo: – Pero si no fue su padre, ¿cómo puede?…

Madre Coraje: – Sin embargo salió a él. Yo le llamo Requesón, como que es bueno para ir tirando… del carro. (Señala a su hija). Y ésa se llama Catalina Ramírez y es medio llanera.

Cabo: – No, pues, qué bonita familia.

Madre Coraje: – Sí, sí. He recorrido medio país con mi carreta.

Cabo: – Tomaremos nota de todo eso. (Anota).

Reclutador: – Más bien debería llamarlos Los Hermanos Buey, puesto que están tirando de la carreta. Parece que nunca han salido del yugo, ¿no?

Eilif: – Madre, ¿me deja romperle el hocico? Tengo unas ganas de quebrarle la trompa.

Madre Coraje: – No señor, Quédese quietico donde está. Y ahora, mis señores oficiales, ¿no necesitan unas buenas pistolas o una bazuca? Que esa que tienen ya está vuelta un asco.

Cabo: – Necesito otra cosa. Veo que los muchachos son más fornidos que un roble. ¿Por qué, mi señora, esquivan el Servicio militar estos tarugos? ¿Puede saberse?

Madre Coraje:(Con viveza). No, mi, Cabo. Mis hijos no sirven para el oficio de soldados.

Reclutador: – ¿Y por qué no? Eso les beneficia y les da prestigio. Negociar con cachivaches, empanadas, salchichón, abrigos, botas y zapatos es asunto de viejas. (A Eilif). A ver, adelantase, déjese ver, párese como un varón, así veremos si tiene huevos de verdad o es un pobre marica.

Madre Coraje: – Sí, es un maricón, si lo mira fijamente y con severidad, se le cae la pestañina.

Reclutador: -Pero de pronto al desplomarse mata a un ternero, si es que hay alguno a su lado. (Quiere llevárselo).

Madre Coraje: – ¿Quiere dejarlo tranquilo? No será uno de esos matarifes como ustedes.

Reclutador: – Carajo, pero si me acaba de insultar el muy come mierda. Trató de hocico a mi boquita. Nos vamos allí, al campo de entrenamiento, para arreglar este problemita como hombres.

Eilif: – Tranquila mami, que yo me encargo de este Guevón.

Madre Coraje: – ¡Usted se me queda aquí! ¡Camorrero! Le conozco, mi Cabo, siempre buscando pleitos; Lleva una navaja en la bota y ya se la ha clavado a más de uno.

Reclutador: – Fresca mi señora, que yo se la saco como si fuera un diente de leche. Vamos, Tiro fijo.

Madre Coraje: – Se lo digo al Coronel, señor Cabo. Quiere que lo haga meter en el calabozo. El Teniente le echa los perros a mi hija.

Cabo: – Bueno, nada de violencias, (A Madre Coraje). ¿Qué tiene contra el ejército? ¿Acaso su papá no fue soldado…¿El paisa, el santandereano, o el costeño?

Madre Coraje: – Es un chico muy bueno. Ustedes se lo quieren llevar a la matanza, yo los conozco. Todo a cambio de un ascenso, de unas vacaciones, o de cualquier centavo, ustedes son capaces de cualquier cosa.

Reclutador: – Por lo pronto le darán un buen uniforme, y unas botas con rodilleras, ¿no es así?

Eilif:(Altanero) ¡De usted no acepto ni mierda!

Madre Coraje: – No señores. Quien da tanto y tan bueno, como dijo el bobo.(A Requesón). Ya, mijo, salga corriendo y grite que quieren secuestrar a su hermano. (Saca un cuchillo). ¡Traten de llevárselo y verán hijos de puta! ¡Nosotros vendemos honestamente ropa y comida, y somos gente pacífica!

Hay mucha tensión en ese momento.

Cabo: – Sí, por ese cuchillo se ve que son muy pacíficos. Bruja, guarde ese cuchillo. Hace poco confesó que vivía de la guerra, pues, ¿de qué otra manera podría vivir, eh? ¿Pero cómo habrá guerra si no hay soldados?

Madre Coraje: – Pues no tienen por qué ser los míos.

Cabo: – ¿Ajá? Usted está como los políticos de cuello blanco. ¿Quiere vivir de la guerra, pero que la hagan otros? ¿Que sus niños rosaditos engorden con la guerra sin rendirle el diezmo a la patria? ¿Qué tal? Como nuestros generales, ¿eh? Coraje se hace llamar, ¿no? ¿Y teme la guerra, que es su sustento, su ama y patrona? Pues bien, sus hijos no la temen, bien lo sé yo.

Eilif: – Pues yo no le temo a ninguna guerra.

Cabo: – ¿Por qué habría de temerle? Míreme a mí, ¿le parece que me ha perjudicado la vida de soldado? A los diecisiete la empecé.

Madre Coraje: – Pero todavía no tiene ni cincuenta.

Cabo: – Pero bien los cumpliré.

Madre Coraje: – ¡Cómo no! Debajo de la tierra ya lo creo.

Cabo: – ¿Quiere ofenderme diciéndome que no llegaré a los cincuenta?

Madre Coraje: – ¿Y si fuera verdad y le dijera que usted ya está marcado? ¿Y si ya tuviera el aspecto de un muerto que camina, eh?

Requesón: – No es porque sea mi madre, pero todos lo dicen. Ella predice el futuro.

Cabo: – No creo en esas cosas.

Madre Coraje: – Deme el casco. (Él se lo da).

Cabo:(Aparte) Vale menos que cargar un bulto de papa en campo raso. Se lo doy para reírme un rato.

Madre Coraje:(Coge un cuchillo y rasga una tirillas). Eilif, Requesón y Catalina. Así terminaremos de rasgados si nos metemos en combate. (Al Cabo). Se lo voy a hacer gratis. Dibujo una cruz sobre esta tirita. Negra es la muerte.

Requesón: – Y en la otra no dibuja nada, ¿vieron?

Madre Coraje: -Y aquí las pliego, y ahora las sacudo bien y las mezclo, como estamos mezclados todos, desde que salimos del vientre materno, y ahora saque una y todo se sabrá.

(El Cabo titubea).

Reclutador:(A Eilif). Yo no recluto a cualquiera, tengo fama de exigente. Pero usted vomita fuego que da miedo.

Cabo:(Hurgando en el casco). ¡Tonterías! ¡Puros disparates!

Requesón: – Una cruz negra sacó. Listo está.

Reclutador: – No se asuste, hermano. Las balas no se funden para todos.

Cabo:(Con voz ronca). Me engañó.

Madre Coraje: -Usted mismo lo ha hecho, desde el día que decidió volverse soldado. Y ahora seguimos adelante. No todos los días hay guerra, y no puedo perder el tiempo.

Cabo: – Por todos los demonios del infierno, no me dejo embobar por usted. Su bastardo se irá con nosotros, será soldado.

Eilif: – Madre, a mí también me gustaría irme.

Madre Coraje: – Cierra esa trompa, demonio santandereano.

Eilif: – El Requesón también quiere ser soldado.

Madre Coraje: – ¡Qué novedad, pues! Les echaré la suerte a ustedes tres.

(Corre hacia el fondo para dibujar cruces en las tirillas).

Reclutador:(A Eilif). Se ha dicho contra nosotros cosas muy feas, pero todo eso no es más que mentiras para darnos mala fama. Para dañar el buen nombre de nuestras fuerzas armadas, como dice el Ministro de la defensa

Madre Coraje:(Vuelve con las tirillas en el casco del Cabo). Quieren escaparse de su madre, esos demonios, y correr hacia la guerra como los terneros tras la sal. Pero yo he de preguntar a la suerte, y entonces verán que el mundo no es un valle de alegrías con eso de “Ven, hijito, necesitamos más Mariscales”. Cabo, tengo grandes temores por ellos; siento que no van a salir a salvo de la guerra. Los tres tienen cualidades terribles. (Alcanza el casco a Eilif). ¡Tome, sáquese una suerte! (Él la saca y la despliega. Ella se la arranca de las manos) ¡Mierda, una cruz! ¡Oh, desgraciada de mí, madre desdichada, soy una dolorosa!¡Morirá! En la primavera de su vida se irá. Si se vuelve soldado tendrá que morder el polvo, eso es claro. Es demasiado atravesado, igual que su padre. Y si no ha de ser prudente, irá por la senda de toda la herencia, tal lo demuestra la tirilla. (Se enfrenta con él y le grita). ¿Será prudente, sí o no?

Eilif: -¿Por qué no?

Madre Coraje: – Prudencia es que se quede al lado de la madre, aunque se burlen y le digan marica, ríase de ellos.

Reclutador: – Si usted se va a cagar del susto, me entenderé con su hermanito.

Madre Coraje: – Le he dicho que se ría. ¡Ríase! y ahora. Requesón, saque una por usted. Aunque por usted tengo menos miedo, usted es prudente. (Saca una tira del casco). ¡Oh! ¿Por qué la mira tan sorprendido? Seguramente estará blanca. No puede ser que haya una cruz en ella. No es posible que también lo pierda a usted. (Coge la tirilla) ¿Una cruz? ¡También a él! ¿Será porque eres tan pendejote? ¡Oh, Requesón, usted también perecerá si no se mantiene prudente, como desde criatura se lo enseñé, siempre llegaba con el cambio cuando lo mandaba a comprar pan! Sólo entonces podrá salvarse. Mire, Cabo, ¿no es verdad que hay una cruz negra para usted?

Cabo: -Sí, la hay. No comprendo cómo pude haber sacado una. Siempre ando esquivando las primeras filas. (Al reclutador). No es cosa de chismes.

Madre Coraje:(A Catalina). Y ahora sólo me fío de usted. Cata, Mijita es una cruz de buen corazón. (Levanta el casco hacia el carro, para alcanzárselo, pero ella misma saca la tirilla). Es como para desesperar. No puede ser, quizá me haya equivocado al mezclar. No sea nunca demasiado bondadosa, Catalina, no lo sea más, que en su camino también hay una cruz. Estese siempre bien quieta, eso no le resultaría difícil, puesto que es muda. Bueno, ahora lo sabe. Sean prudentes todos, que buena falta les hace. Y ahora subimos al carro y seguimos adelante.

Devuelve el casco al Cabo y sube a la carreta.

Reclutador: – Haga algo, pues, si puede.

Cabo: – No me siento nada bien.

Reclutador: – De pronto agarró una buena gripa, con este viento y sin casco. Ahora, trate de embolatarla en algún negocio. (En voz alta). Al menos podríamos echarle el ojo a ese gabán. Esa gente vive de traficar con esas vainas, ¿no es así? ¡Oiga, el Cabo quiere comprar el gabán!

Madre Coraje: – Cuesta 30 mil pesos. Bueno, se lo dejo en 20.000… (Baja otra vez de la carreta).

Cabo: – Pero es de segunda, no es nuevo. Aquí sopla mucho el viento… Tengo que pensarlo con más calma.

Se va con el gabán detrás de la carreta.

Madre Coraje: – No siento ningún ventarrón.

Cabo: – Puede que los valga… pero no los tengo.

Madre Coraje:(Lo sigue detrás de la carreta). 15.000 pesitos y no se hable más.

Reclutador:(A Eilif). Y después, entre varones, nos vamos a empinar el codo. Tengo algún billete aún, venga, hombre.

Eilif está indeciso.

Madre Coraje: – Que sean 10.000, pues.

Cabo: – No lo comprendo. Siempre estoy detrás del frente. No hay lugar más seguro que el de un Cabo. Siempre se manda por delante a los otros: que ellos adquieran gloria. Me ha echado a perder mi almuerzo. Sé que no voy a probar bocado.

Madre Coraje: – No es necesario que lo tome tan a pecho, así como para no poder comer. Manténgase siempre detrás del frente. Tome, hombre, bébase un trago de aguardiente. (Le da de beber).

Reclutador:(Que ha tomado del brazo a Eilif y se lo lleva consigo hacia el fondo). Doscientas barras de entrada, y es un hombre valeroso, pelea por su presidente y las mujeres estarán locas por usted… Y a mí me puede romper el hocico por lo que lo ofendí.

Ambos se van. La muda Catalina baja, saltando de la carreta, y articula roncas voces.

Madre Coraje: – En seguida, Catalina, en seguida. El señor Cabo está pagando. (Cuenta los billetes). Tengo una desconfianza la madre de toda clase de dinero. Con todo, la plata es buena. Y ahora nos vamos. ¿Dónde está Eilif?

Requesón: – Se fue con el reclutador.

Madre Coraje:(Después de estarse muy quieta un rato, pasmada). ¡Qué pendejo es! (A Catalina). Ya sé que usted no puede chistar palabra, mija no tiene la culpa.

Cabo: – Ahora se puede tomar un trago usted misma, Madre. Así van las cosas. Ser soldado no es lo peor. Quiere vivir de la guerra, pero a usted y a los suyos los quiere tener bien a salvo, ¿eh?

Madre Coraje: – Ahora usted tendrá que tirar del carro, Catalina, al lado de su hermano.

Ambos, hermano y hermana, se uncen a la carreta y arrancan. Madre Coraje marcha a su lado. La carreta sigue por su camino.

Cabo:(Siguiéndolos con la mirada). Si de la guerra quieren vivir: con algo tendrán que Contribuir.

Coro:

Madre coraje les vende botas,
Será más fácil, combatir.
Con sus piojos y la sarna,
Armas de arreo y de cañón,
Han de marchar a la batalla
Con uniformes sin remiendos
Hey, buen calzado es condición.
Ya es primavera.
¡Álcense, cristianos!
Deshiela la nieve.
En paz están las fosas.
Y quien aún no esté muerto
Ponga los pies en polvorosa.

Congelado. Se descorre la cortina de Madre coraje.

Muñecón-Brecht: – Llegué a las ciudades en tiempos del desorden, cuando el hambre reinaba. Me mezclé entre los hombres en tiempos de rebeldía, y me rebelé con ellos, así pasé el tiempo que me fue concedido en la tierra.

Realmente vivimos en tiempos sombríos. ¡Qué tiempos son estos, en que hablar sobre árboles es casi un crimen porque implica silenciar tanta injusticia!

Mackie, de pronto aparece cantando y bailando con Jenny la Balada De Mackie, El Rufián. Una corte de prostitutas realiza una coreografía para la ocasión.

Mackie: – Hermoso fue, el tiempo que pasó,
En que vivimos juntos ella y yo.
¡Y el tiempo así alegre transcurrió,
Pues todo eso en el burdel pasó!

Jenny: – Hermoso fue, el tiempo que pasó,
Pues del amor los goces me enseñó.
Pues una noche él me dio una paliza tal
Que me mandó derecho al hospital.

Los dos: – ¡Y el tiempo así, alegre transcurrió,
Pues todo esto, en el burdel pasó!

Mientras Mackie y Jenny cantan, los mendigos y las prostitutas también lo hacen en una especie de parodia.

Mackie: – Jenny, aprovechando que mi joven, hermosa y celosa esposa se ha marchado por unos breves instantes, seguramente, mientras se está cambiando de vestuario para cambiar también de rol en esta obra; contémosle a estos despistados, sobre otra de las obras de nuestro polifacético autor, investigador y creador. Miren y aprendan…

Jenny: – Si, investiguen, vagos…

De pronto, uno de los mendigos deja ver un cartel en el que se lee en alemán: Leben des Galilei”. En seguida lo traducen con otro cartel:Vida de Galileo Galilei”.

En el extremo izquierdo del escenario se descorre un telón con esa inscripción en alemán:Leben des Galilei”, y en donde está congelada la escena de Galileo

Muñecón-Brecht: – Esta es una obra que escribí en 1939. Aunque la verdad le hice como tres versiones. Algunos críticos y académicos encopetados han subrayado que me he alejado de los hechos reales, y en parte tienen la razón, ya que les confieso, que utilicé la historia del científico para hacer una crítica de hechos contemporáneos, como el caso Oppenheimer y la embarrada de Hiroshima y Nagasaki. Además en eta obra, encontré la forma de hacer una obra medio autorreferencial, es decir con elementos de mi propia biografía. ¿Me entienden Méndez o les explico Federico?

Los mendigos portan carteles que dan inicio al cuadro de Galileo: Galileo Galilei profesor de matemáticas en Padua”,“Quiere demostrar la validez”, “Del nuevo sistema universal de Copérnico. Se descongela la acción. Un coro gregoriano de monaguillos esperpénticos – los mendigos.

Coro Gregoriano de Monaguillos Mendigos:

En el año mil seiscientos nueve

En Padua, en una humilde casita

La luz de la ciencia deslumbra.

Galileo Galilei calcula

Que el sol no se mueve

Y que la tierra gira a su alrededor.

Imagen del Papa, los cardenales y los monaguillos, acompañados de juglares y juglaresas. Galileo en el centro con un enorme catalejo. Música festiva.

Galileo: – Durante dos mil años la humanidad creyó que el sol y todos los astros del cielo daban vueltas a su alrededor. El Papa, los cardenales, los príncipes, los sabios, capitanes, mercaderes, pescaderas y escolares, creían estar inmóviles en esa esfera de cristal. Pero ahora nosotros salimos, para hacer un gran viaje. Porque los viejos tiempos han pasado y ahora es una nueva época. Desde hace cien años es como si la humanidad esperara algo.

Congelado. Música – Fanfarria.

Las ciudades son pequeñas y también las cabezas. Superstición y peste. Pero que así sean las cosas no quiere decir que deban seguir siéndolo. Porque, amigos todo se mueve, carajo. Todo comenzó con los barcos, el hombre solo se había arrastrado a lo largo de las costas, pero de pronto las dejó y se puso a recorrer los mares. En nuestro viejo continente hay un rumor, sí, existen otros continentes, donde se ríen, porque este mar que conocemos no es más que un charquito. Y se siente un gran deseo de investigar las causas de todas las cosas: por qué cae la piedra que se suelta y cómo sube cuando se lanza al aire. Todos los días se descubre algo. Hasta los más viejitos hacen que los muchachos les griten al oído lo que se acaba de descubrir.

Carnaval. Los juglares bailan y cantan con una especie de Papa a lo Brueghel. Los elementos son astros y banderas. Un monigote de galileo.

Canto del juglar:

Cuando dios creó el universo
Creó la tierra y luego el sol
Luego lo hizo girar alrededor de la tierra
Lo dice La Biblia en el Génesis (10-14)
Desde entonces aquí abajo
Todos los seres comenzaron a girar

Giran describiendo círculos en comparsa.

Alrededor del papa los cardenales
Alrededor de los cardenales los obispos
Alrededor de los obispos los ministros
Alrededor de los ministros los concejales
Alrededor de los concejales los artesanos
Alrededor de los artesanos los sirvientes
Alrededor de los sirvientes los perros, los pollos y los mendigos.

Se levantó el sabio Galileo
Miró brevemente al sol
Y dijo: Dios todo poderoso se equivocó en el Génesis (10-14)
Fue muy osado amigos
Este tema no es banal
La herejía se extenderá como una enfermedad
¿Cambiar las santas escrituras?
¿Qué nos quedará?
Todo el mundo dirá
Lo que le venga en gana
(En coro)
Lo que le venga en gana
Lo que le venga en gana

Juglaresa: – Buena gente ¿Qué pasará?
Si las enseñanzas de Galileo se extienden
(Arroja una buena cantidad de panfletos)
Los monaguillos no servirán en misa
Las sirvientas no harán las camas
Es un tema muy grave
No es banal
Las almas libres se extienden como una enfermedad
La vida es dulce y el hombre débil
Así que qué pasará
Para variar
Si todos hacemos lo que nos venga en gana
(En coro)
Lo que nos venga en gana
Lo que nos venga en gana
Como en una especie de orgía
Juegos de obscenidades y del mundo al revés.

Juglar: -No, no, no…
Detente Galileo, detente,
Las almas libres se extienden como una enfermedad
Debemos estar en nuestro sitio
Unos por encima y otros por debajo

Juglaresa: -No estaría mal por una vez
Hacer lo que a uno le viniera en gana
(En coro)
Lo que le viniera en gana
Lo que le viniera en gana
Buena gente que lo pasa mal aquí abajo
Sirviendo a crueles señores…
Y al dulce Jesús… que te ordena poner la otra mejilla (mateo 5-39)
Mientras ellos preparan el segundo golpe
La obediencia no curará tu dolor
Seamos listos y hagamos de una vez
Lo que se nos venga en gana
(En coro)
Lo que nos venga en gana
Lo que nos venga en gana
Hagamos como lo ha dicho el gran Galileo
La tierra gira alrededor del sol
En procesión

Letreros:-“La tierra gira”, “Herejes, a la hoguera”, “Si a Galileo, no al Papa
Parodias de carreras de herejes perseguidos. Escena del Papa, y el inquisidor.

Papa: -¿Puede la sociedad sostenerse en la duda en lugar de la fe? No losé… He ahí el problema, pues no sabría decir si eso es bueno o malo. Pasadas la peste y el desastre de la Reforma, y las guerras que están por venir, Los matemáticos apuntan sus tubos al cielo, pero no creo que sea en el cerebro de un loco italiano donde están los problemas de Roma. Terminaremos considerando a Aristóteles un perro muerto. No quiero más guerras entre la iglesia y la razón. La única opción para que Galileo salve su pellejo es que se retracte de lo dicho. Sus teorías, aunque aparentemente correctas, han corrido como pólvora en los fuegos artificiales del carnaval.

Inquisidor: – Creo que lo hará, se retractará, es muy cobarde, bastará con mostrarle los instrumentos de la inquisición. No tiene pasta de héroe, solo le gusta el vino, la comida y pensar, sí, pensar y observar mucho. Esos son sus mayores placeres.

Galileo: -Yo predigo de que antes de que hayamos muerto, se hablará de astronomía en los mercados. Hasta los hijos de las panaderas irán a la escuela. ¡Describimos a los campesinos como si fueran el musgo que cubre sus chozas! Pero si se movilizan y aprenden a pensar, ni los más hermosos sistemas de riego le servirán de nada. Mierda, yo veo la divina paciencia de esas gentes, pero ¿dónde está su divina cólera?

Me he convertido en un anciano ya casi ciego, pero mi lucidez no impedirá que el miedo a la tortura me haga arrodillarme ante la Inquisición. Escuchen esto, por Dios:

“Yo, Galileo Galilei… abjuro maldigo y abomino, con corazón sincero y fe no fingida, de todos esos errores y herejías…”

Una Voz: – Maestro: ¿Por qué lo has hecho?… “Pobre país que no tiene héroes!”

Galileo: -No señor… “¡Pobre del país que necesita héroes!”… Si los científicos, intimidados por los poderosos egoístas, se contentan con acumular la ciencia por la ciencia, se la mutilará, y vuestras nuevas máquinas significarán sólo nuevos sufrimientos. Un hombre que hace lo yo he hecho no puede ser admitido en las filas de los hombres de ciencia.

Coro Gregoriano de Monaguillos Mendigos:-Amigos, esta es la historia verdadera
La ciencia pudo escapar por donde menos imaginamos
Nosotros aun quedamos sedientos de saber
Mantengamos viva la llama de la ciencia
Pero no la usemos jamás con impaciencia
De lo contario se convertirá en fuego
Un incendio que nos destruirá a todos,
Sí, a todos
Ya lo verán.

Muñecón-Brecht: – Galileo vivirá los últimos años de su vida en severa vigilancia por la Inquisición. Si no hubiese abjurado, no hubiera escrito sus grandes “Discursos” que atravesaron la frontera clandestinamente. ¿Dónde está, pues, el “crimen” de Galileo?

La escena regresa ahora al espacio de Jeremías Peachum y su señora – La ropería de Peachum. En el vano de la puerta, Polly, con traje sastre y sombrero, un bolso de viaje en la mano, regresa a casa.

Señora Peachum: – ¿Casada? Primero una la cubre de vestidos, sombreros, guantes y sombrillas a la moda, se la emperifolla de pies a cabeza, y cuando una ha gastado una fortuna como para comprar una flota de taxis, ¡zas!, ella misma se tira a la basura como si fuese una pera podrida. ¿De modo que es verdad que te casaste?

Polly responde con una balada su casamiento con el bandido Mackie

Del tiempo en que aún mi candor era grande
– Pues tuve candor como tú-
Recuerdo muy bien que pensaba:
“Un día un novio tendré y sabré qué hacer”.
Y aunque rico,
Y aunque guapo,
Y aunque su camisa limpia esté,
Y aunque sepa tratar a una dama…
Pues… ¡le diré que no!
La cabeza no habrá que perder:
¡La distancia conservar!
Claro que la luna brillará
Y que el barco de la costa zarpará;
Pero más no pasará.
No se debe fácilmente acceder:
El secreto es la frialdad;
Mucho puede acontecemos,
Mas se puede decir que no.

Y cierta mañana, mañana azul
Como pocas, un hombre llegó.
Colgó su sombrero en mi cuarto,
Sin nada decir, y quedé prendada de él.
Y aunque no era rico,
Y aunque no era guapo,
Y aunque su camisa limpia no estaba,
Y aunque no sabía tratar a una dama…
Pues… no le dije “¡No!”.
La cabeza yo perdí:
¡Distancia ya no pude conservar!
Y la luna nos iluminó
Y el novio en la costa se quedó,
Pero así debía ser.
Pues ya no era cosa de no acceder,
Y tampoco era cosa de frialdad.
Mucho iría a sucedemos,
Mas nunca ya diría “¡No!”.

Peachum: – De modo que se ha hecho concubina de un malhechor. ¡Qué bueno! ¡Pero qué bueno!

Señora Peachum: – Bueno, ya que habías decidido cometer la inmoralidad de casarte, ¿por qué tuviste que hacerlo con un ladrón de lápidas, un cocheche de caballistas, un salteador de caminos, un traqueto con ínfulas de mafioso? ¡Ya me las pagarás! Debí estar ciega para no darme cuenta. Desde chiquita tuvo siempre más pretensiones que la reina de la yuca.

Peachum: – ¿De modo que se casó de verdad?

Señora Peachum: -Sí, ayer a las siete, y la ceremonia, si es que a eso se le puede llamar una ceremonia, fue en una bodega con apariencia de sala de teatro.

Peachum: – ¡Un delincuente respetable! Si lo pienso bien, ha dado prueba de gran valor ese hombre, pues se le ha visto en fotografías con senadores, ministros, y aseguran que hasta con presidenciables. Pero si pierdo a mi hija, el último recurso de mi vejez, mi casa se derrumbará y ni siquiera un perro me permanecerá fiel. Para mí, lo repito, regalar la mugre de una uña equivale a desafiar la muerte por inanición.

Señora Peachum: – ¡Pero qué se ha creído ésta! ¡Mira cómo nos recompensa, Jonatán! ¡Creo que me vuelvo loca! ¡Me da vueltas la cabeza! ¡No puedo sostenerme en pie! ¡Oh! (se desmaya) ¡Un roncito, pero del bueno!

Peachum: – ¡Mira lo que le pasa a tu madre por tu culpa! ¡Pronto! (Se retira Polly.)¡Concubina de un delincuente! ¡Qué bueno! ¡Pero qué bueno! ¡Y qué triste es vercómo mi pobre esposa se lo ha tomado a pecho! (Polly regresa con una botella de ron.)¡Este es el único consuelo que le queda a tu pobre madre!

Polly: – Puedes darle dos copas, sin miedo. Mi madre, sobre todo cuando se desmaya, soporta perfectamente las dosis dobles. Volverá en sí de inmediato. (Polly, durante toda esta escena, denota un aspecto radiante de felicidad.)

Señora Peachum:(Volviendo en sí) ¡Oh, qué hipócrita es su aire de preocupación!

Polly: – ¿De quién lo habré heredado?, bueno ahora sólo quiero pensar en mi fiel y gallardo esposo, mi bandido del alma, Mackie Navaja.

Aparece en escena de nuevo Mackie, acompañado de Jenny y de sus prostitutas.

Mackie: – Mis fieles e incondicionales concubinas, (A Jenny, y a las otras), mi reina, mi virreina, y mis primera princesas de este cotizado burdel, corte y centro de operaciones del hampa criolla, quiero confesarles que en estos precisos momentos, mis suegros se acaban de enterar del matrimonio, por demás teatral, más no fingido, de su hermosa hija, con este pechito, y deben estar montando en cólera, puesto que ese virguito lo tenían reservado para un hampón de mayores credenciales, algo así como un viceministro, un cónsul, director de algún instituto descentralizado, o jefe de fiscalías.

Jenny: -Ese es el sueño de todas nosotras… ¡Un príncipe azul…o rojo…!

Mackie: – …Y eso que dizque ya se acabó el bipartidismo… bueno, el sueño mío, además de incursionar en la política, y en el sector financiero, siempre ha sido conservar y defender mi harem, es decir a ustedes, mis preciosuras. Este sueño sí que lo cumplió a cabalidad nuestro autor…

Jenny: – ¿El tal Odebrecht?

Mackie: – No me jodan, esta si está peor que Polly… ¡Brecht!… Jennicita…¡Bertold Brecht!.. Pues sí, Miren y aprendan: Según lo que he investigado, porque si hay alguien que investigue en este país somos los bandidos, o si no, miren quienes son los que chuzan, graban, y siguen a todo el mundo para amenazarles y joderles la vida, … bueno, pero volvamos a estas cabras, la mía es una investigación académica en “creación”…les decía que nuestro autor como que si era muy mujeriego, y que hasta en su exilio cargaba a todas sus mujercitas, que eran unas viejas muy buenas y muy inteligentes, como sería que hasta le ayudaban a escribir y a traducir documentos para sus obras, porque en esa época no había internet.

Jenny: – ¿No nos estará tratando a nosotras de brutas?

Mackie: – Cómo se te ocurre decir esa brutalidad, Jennicita, ustedes, además de inteligentísimas, son buenísimas…y hasta santas, claro que no tanto como la historia de la obra de nuestro amigo Bertoldo, que ahora les vamos a contar. Miren y aprendan…

Coro de prostis: – Si, ¡Estudien y recen, ateos!

Música. Fanfarria. Uno de los mendigos enseña un cartel en donde se lee: Die heilige Johanna der Schlachthöfe”; el segundo saca otro y lo traduce: “Santa Juana de los mataderos”.

Muñecón-Brecht: – Sí, pero antes de que hablemos de Santa Juana de los Mataderos, quiero aclararle a Mackie, que eso de que yo tenía más de tres señoras a mi servicio, no es más que una especulación, y no tiene ningún sustento a la luz de la investigación científica, como nos lo ha enseñado Galileo Galilei. Estas damas, sencillamente simpatizaban con mi trabajo, porque… (Parodiando una famosa canción)

Porque esto de ser artista
Es mejor que trabajar,
Aunque a veces pasen cosas
Que nos tienen que pasar.

Bueno, ahora que estas damas se sintieran muy cómodas con migo, ese es otro problema, y hace parte de mi intimidad, y mis intimidades no hacen parte de mi dramaturgia.

Soy un autor dramático
Muestro lo que he visto
Y he visto mercados de hombres
Donde se comercia con el hombre
Esto es lo que yo
Autor dramático
Muestro.

Bueno, después de este sermoncito, volvamos ahora sí a “Die heilige Johanna der Schlachthöfe”, mi Santa Juana. Aquí trazo un paralelo entre el personaje de Juana de Arco y Johanna Dark, mi protagonista, Dios es el elemento de salvación. Juana y Johanna son solo intermediarias entre el hombre y Dios. Juana salvará al Delfín, Johanna a los humildes. En la Juana histórica, el Delfín la traiciona no pagando el rescate que le es exigido para salvarla. En la mía, la conciencia de Johanna la lleva a traicionarse a sí misma.

Cadáveres de reses colgando de ganchos y de garfios. Un matadero. De pronto aparece el coro de los obreros con sus delantales manchados de sangre, operarios de la industria de la carne.

Coro de obreros: -Somos setenta mil obreros de la fábrica
De cárnicos Félix Laffón y no podemos vivir
Ni un día más con un salario tan bajo.
Ayer volvieron a disminuir bruscamente el salario
Y hoy cuelgan una pizarra:
Todo el que no esté contento
Con nuestros salarios puede irse.
Vámonos todos sencillamente
Y caguémonos en sus salarios,
Cada día más pequeños.

J.F Mauller:(Leyendo una carta) “Como puede ver claramente, amigo Jóseff Félix Mauller, el mercado de la carne se encuentra desde hace tiempo francamente saturado, el fondo ganadero, que tú mismo te encargaste de quebrar, desde esa época está francamente saturado y las barreras aduaneras del sur resisten todos nuestros ataques. Por eso parece aconsejable abandonar la dirección de Fedecarne, amigo Jóseff Félix”. Este es el aviso que hoy he recibido de mis súper amigos de la Súper Intendencia de la carne, en la capital. Bueno, aquí llega en el momento preciso, mi socio Federico Cridle.

Cridle: – ¿Por qué estás tan sombrío, amigo Jóseff Félix?

J.F Mauler: – Recuerdas, Federico, cuando hace alguno días… íbamos por todas las ferias ganaderas, y por todos los mataderos de noche….y estábamos junto a la nueva máquina envasadora, recuerdas aquél buey, bermejo, grande y torpe mirando al cielo, cuando recibió el tramacazo, fue como si a mí me lo acabaran de dar, Federico, este negocio nuestro es en verdad muy sanguinario.

Cridle: – Tu antigua debilidad, mi querido Jóseff Félix… qué diría Mafe si te viera en estas… es increíble, tú el zar del ganado, el rey de los mataderos, temblando ante los matarifes, muriéndote de pena por un pinche buey bermejo… por favor que nadie más se vaya a enterar.

J.F Mauler: – Mí querido Federico, no hubiera debido ir a ese matadero, desde que entré a este negocio hace treinta años, he tratado de evitarlo; Federico, no puedo más, hoy mismo renunciaré a este negocio sanguinario, a pesar de que a Mafe le encanta. Hazte tú cargo de él, te cederé mi parte bien barata. Prefiero cedértela a ti, porque nadie como tú conoce el negocio.

Cridle: – ¿Y barata… cómo cuánto es?

J.F Mauler: – Tratándose de viejos amigos como tú y yo, no discutiremos. ¡Digamos que 10.000 millones!

Cridle: – No sería caro si no fuera por Laufourtine que compite con nosotros por cada libra de carne, y la Federación que lo tiene entre ojos. Este idiota nos jode el mercado con sus precios de promoción, y acabará arruinándonos, si es que antes él no se arruina también. Hasta que no se hunda el desgraciado, y sólo tú puedes hundirlo, no puedo aceptar tu oferta. Entre tanto utiliza tu cerebro, que para eso eres muy astuto.

J.F Mauler: – No, Federico, no puedo acallar en mi pechito, los mugidos de ese pinche buey; me parece estar viendo una ejecución del Estado Islámico con uno de mis contratistas, sí, por eso hay que hundir rápidamente a ese granuja, ya que estoy dispuesto a ser un hombre bueno y no un carnicero, como me dice Mafe. Pero tiene que ser pronto. Tienes que librarme de este negocio que me pesa como un piano en el espinazo.

Cridle: – Sí, Jóseff Félix, cuando Laufourtine se hunda.

(Salen los dos)

Coro de obreros: -Hace tiempo que este trabajo nos repugna
La fábrica nos resulta un infierno,
Y sólo los horrores de esta fría ciudad
Pueden retenernos aquí.
Pero ahora con doce horas de trabajo
Sin extras, sin festivos y sin primas
No podemos ganar para un pan duro
Ni para los calzones más baratos
Ahora da igual que nos vayamos
Y reventemos de una vez.
Pedimos al menos
El antiguo salario
Ya de por sí, ridículamente bajo
La jornada de diez horas,
Y al menos…

Un obrero: – ¿y qué esperamos? No se dan cuenta que Mauller y Laufourtine están cerrando todas sus fábricas.

Por el escenario corren voceadores de prensa, señalando los titulares de los periódicos

Voceador 1: – ¡Laufourtine, el rey de la carne cierra sus fábricas!

Voceador 2: -¡Setenta mil obreros sin pan ni cobijo!

Voceador 3: – ¡Laufourtine, víctima de la encarnizada competencia de J.F. Mauler, el famoso rey del ganado, y ahora, filántropo!

Para aliviar la crisis, Johanna, acompañada de banderas y tambores, habla ante los Legionarios de María. En medio de cánticos y de consignas, repartiendo sopa caliente en una olla gigantesca, cucharón en mano.

Johanna: – En esta época sombría de sangrienta confusión, de ordenado desorden, de planificada arbitrariedad, y deshumanizada humanidad, en que en nuestras ciudades no cesan los disturbios; en este mundo lo más parecido a un matadero; queremos volver a traer a Dios, que por cierto, ya no es muy popular, y sí, muy desacreditado, pero creemos es la única salvación de los humildes, por eso hemos decidido redoblar por él nuestros tambores, a fin de que él, como nuestro Cristo Rey, pose sus plantas en los barrios de miseria, y su voz resuene en los mataderos.

(Himnos religiosos:Tú reinarás es nuestro grito”, “El señor Hizo en mí maravillas”, “Yo tengo un amigo que me ama, me ama, me ama”, etc)

Y esta empresa nuestra será, sin duda, la última de su clase. El último intento, pues de levantar a Dios en un mundo que se derrumba, y ha de hacerlo por medio de los más desamparados.

Siguen desfilando con sus tambores y sus cánticos.

Coro de obreros: -Al correr hacia el trabajo
Nos encontramos a mitad de camino
A un torrente de desesperados
Que habían perdido su trabajo
Y ahora nos preguntaban
Dónde lo había.

Johanna: – Yo sólo quiero saber quién es el culpable de todo esto.

Legionarios: – ¡Alto! ¡No te metas! Seguro que te aturden con sus gritos. ¡Son holgazanes! ¡Voraces y vagos por naturaleza, incapaces de cualquier impulso elevado!

Obreros: – El sanguinario J. F. Mauller lucha con el avaro Laufourtine, y por eso pasamos hambre.

Johanna: – ¿Dónde está J. F. Mauller?

Obreros: – Donde se comercia con el ganado, en un edificio grande, la Bolsa del ganado.

Johanna: – Voy a ir allí, porque tengo que saberlo todo.

Legionarios: – ¡No te metas! ¡Quién mucho pregunta, en muchos líos termina!

Johanna: – No, quiero ir a ver a Mauller, y a los que tanta miseria provocan.

Legionarios: – Entonces vemos negro tu destino, Johanna. ¡No te mezcles en esta terrenal pelea! ¡Sucumbe en la contienda quien se mezcle en ella! Su pureza pronto desaparece. ¡Te hundirás en el fango, porque solo de fango se llena la boca de quien pregunta imprudente!

Johanna: – De todas maneras quiero saberlo.

Se congela la acción.

Un obrero: -Y la muy ingenua Johanna Dark, como en su tiempo, la Juana de Arco, sucumbió.J. F. Mauller la engañó. Los hombres no se conmueven. Cuando hoy se habla de los mercados como los responsables de la crisis, la verdad es que el capital controla la oferta y la demanda para imponer sus condiciones. Creer que la crisis es consecuencia del libre mercado, ¡incautos! He ahí el gran engaño. Alguien vende el ganado en secreto y hunde los precios en la Bolsa…. La batalla la siguen ellos en la Bolsa.

Johanna yace amarrada en una hoguera. Mauller y Cía, encienden los leños con fajos de billetes. El fuego se alimenta con luces eléctricas que se encienden y se apagan. Los obreros permanecen impávidos, lo mismo que los legionarios ante el sacrificio de Johanna.

Muñecón-Brecht: – Contra la crisis no se puede hacer nada, y esto lo estoy diciendo desde 1930. Por encima de todos nosotros, está le ley de la economía capitalista. Mauller promete que conseguirá el dinero que hace falta. Obliga a que los gremios le den toda la carne y compra todo el ganado, con lo cual el ganado baja de precio y la carne sube. Impone los precios. Sí, ellos siempre impondrán los precios. Muy Tarde Johanna descubre que la pobreza de los pobres favorece a los ricos, y es obvio que la pobreza sea obra de los ricos.

Voceador de prensa 1: – ¡Atención! ¡Atención! ¡Atención!

Voceador de prensa 2: -“¡Dios se solidariza con los obreros!”

Voceador de prensa 3: -Dijo Johanna Dark antes de morir de tuberculis en los mataderos.

Fanfarria de gran solemnidad. Polly regresa al refugio de Mackie. Uno de los granujas vestidos de frac advierte que detrás de Polly ha llegado la policía.

Voces: – La policía, la policía, la poli… ¡Mierda nos allanaron, Mackie!

Mackie: – Todos tranquilos y a sus puestos. Este oficial es nada y nada menos que el Comandante de la Policía Metropolitana, mi gran amigo Jackie, popularmente conocido como Brown, El tigre.

Entra Brown y se abraza con Mackie.

Mackie: -¡Hola, Jackie!

Brown: – ¡Hola, Mac! No dispongo de mucho tiempo, debo irme en seguida. ¿Era necesario un galpón, un taller de mecánicos? ¡Otra violación de domicilio!

Mackie: – Pero, Jackie, es más cómodo…. Me alegro que hayas venido a festejar las nupcias de tu viejo amigo Mac. Quiero presentarte en seguida a mi esposa, de soltera señorita Peachum. Polly, éste es Brown, el Tigre. ¿Y, viejo, qué me dices? (Le palmotea la espalda.) Y éstos, Jackie, son mis amigos: a todos debes haberlos visto alguna vez.

Brown:(Desconfiado) Mac, la mía es una visita privada.

Mackie: – La de ellos también. (Los llama. Ellos acuden, manteniendo sus manos en alto.) ¡Eh, Jacobo!

Brown: – Este es Ganzúa, un verdadero granuja.

Mackie: – ¡Eh, chicos! ¡Roberto, Walter!

Brown: – Bueno, por hoy cerremos los ojos…hagámonos los pendejos ¡Siéntense, señores, siéntense!

Todos: – Muchas gracias, señor.

Brown: – Estoy encantado de conocer a la graciosa esposa de mi viejo amigo Mac.

Polly: – Es usted muy gentil, señor.

Mackie: – ¡Siéntate, vieja corbeta, y navega en el whisky a todo Dark! Polly, amigos míos: Entre ustedes se encuentra hoy un hombre a quien el inescrutable designio de la política en este país, ha colocado muy por encima de sus semejantes y que, sin embargo, ha permanecido amigo fiel a través de todos los peligros y de todas las tempestades…etcétera, etcétera, etcétera… Ustedes saben a quién me refiero, y también lo sabes tú, Brown. ¿Recuerdas, Jackie, los tiempos en que, tú soldado y yo soldado, prestamos servicio en la armada en Cartagena de Indias? ¡Ven, Jackie, cantemos la “Canción de los cañones”!

Mackie y Brown se sientan sobre la mesa y se disponen a cantarLa canción de los cañones”.

Viajad soldados
En los cañones
Del Polo al Ecuador,
Que allí se tostarán
Y allí se encontrarán
Con una nueva raza
De muy distinta traza,
Y sin pensarlo se la comerán al
Gratén.

Mackie: – Aunque la vida con sus oleadas tempestuosas nos haya empujado a nosotros, viejos amigos de juventud en direcciones totalmente opuestas; aunque nuestros intereses profesionales sean del todo distintos, y hasta podría decirse que están perfectamente contrastados, nuestra amistad ha sobrevivido a todo. ¡Miren y aprendan!

Muy rara vez ha sucedido que yo, humilde bandido (ya saben lo que quiero decir), haya dado un golpecito sin hacerle llegar a él, a mi amigo, una parte de las ganancias ¡una parte considerable, Brown!, en calidad de ofrenda y testimonio de mi inmutable fidelidad. Y muy rara vez ha sucedido – sácate el cuchillo de la boca, Jacobo – que él, el omnipotente jefe de policía, haya dispuesto una batida sin antes hacerme llegar a mí, a su amigo de juventud, un disimulado aviso. Esto y mil cosas parecidas siempre han sido recíprocas.

¡Miren y aprendan! (Toma a Brown del brazo) Bueno, viejo Jackie, estoy encantado de que hayas venido: ha sido una gran prueba de amistad.

Cantan de nuevo. Los que están sentados a la mesa marcan con sus pies el ritmo de la marcha.

Viajad soldados
En los cañones
Del Polo al Ecuador,
Que allí se tostarán
Y allí se encontrarán
Con una nueva raza
De muy distinta traza,
Y sin pensarlo se la comerán al
Gratén.

Mackie: – Sabes, Jackie, tenía verdadera necesidad de que hoy vinieses; espero que no te haya resultado demasiado violento, considerando tu situación.

Brown: – Mac, sabes perfectamente que a ti nada puedo negarte… Pero ahora debo marcharme, estoy preocupadísimo: si durante la celebración del Aniversario de la liberación ocurriese el más mínimo incidente…

Mackie: – Escucha, Jackie: mi suegro es un viejo asqueroso. Si tratase de meterme en líos, ¿hay algo contra mí en la Fiscalía?

Brown: – En la Fiscalía no hay absolutamente nada contra ti.

Mackie: – Naturalmente.

Brown: – Ya lo he arreglado todo. Aunque te recuerdo que tienes que dejarle algo a nuestro amigo el fiscal anti corrupción… (Risas)… Buenas noches.

Mackie:(Dirigiéndose a los componentes de su banda). ¿Quieren levantarse o no?

Brown:(A Polly) ¡Muchas felicidades!

Sale acompañado por Mackie. Música. Fanfarria.

Muñecón-Brecht: – Señores y señoras….damas y caballeros, en estos momentos cuando los poderosos lo tienen todo controlado… las cortes, la fiscalía, el congreso, el ejército… y todos los organismos de control están tomados por los delincuentes… y este país se ha vuelto un verdadero cartel… una pregunta final: ¿quién es más ladrón, el que roba un banco o el que funda un banco?

Coro de todos: –

Señores que pretenden reformarnos,
Venciendo nuestro instinto criminal;
Primero traten de alimentarnos bien:
¡Comer primero, luego la moral!

Ustedes que no olvidan nuestro bienestar cuidar,
Sin que por ello dejen siempre de engordar,
Escuchen esto: Por más vueltas que le den,
¡Comer primero, luego la moral!

Muñecón-Brecht: –

¿De qué vive el hombre?

Coro de todos: –

Sí, ¿de qué vive, pues?
De lo que a diario la escuela logra enseñar,
Engaña, muerde, mata y consigue robar.
Y así podrá vivir: si bien del todo
Logra olvidar que aún un hombre es.

Señores, no se hagan ilusión,
El hombre sólo vive haciendo el mal,
Haciendo el mal, haciendo el mal…

Muñecón-Brecht: – ¿Muy pesimistas?
Pues, entonces a cambiar todo esto,
¡A Dios rogando…y con el mazo dando!

Lanzan a los espectadores pequeños volantes con la letra del poema,De qué sirve la bondad”, mientras suenan los acordes de la canción:El Pueblo Unido”, los actores pueden declamar cada una de las líneas del poema.

De qué sirve la bondad

¿De qué sirve la bondad
Si los buenos son liquidados inmediatamente,
O son liquidados aquellos para los que se ejercía la bondad?
¿De qué sirve la libertad
Si los libres tienen que vivir entre quienes no lo son?
¿De qué sirve la razón
Si sólo la sinrazón consigue el alimento que todos necesitan?

En vez de ser algo buenos, esforzaos
En construir un estado de cosas que haga posible la bondad.
O mejor aún: que la torne superflua.
En vez de ser apenas libres, esforzaos
En crear una nueva situación que libere a todos
Y torne superfluo, también,
El anhelo de libertad.
En lugar de ser poco razonables, esforzaos
En crear un estado de cosas que convierta a la sinrazón
En un mal negocio.
(En: Brecht, Poemas 1913-1956. Edit. Brasiliense, 1986. Versión: A. Marcos.)

Congelado. Apagón. Venia final. Música de la Opera de los tres centavos.

 

Fin

Publicado en Revista No. 13 - 14, Teatro | Etiquetado

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