Atti Zapata: Una niña indígena Aruhaca con talento para el arte

En la escuela rural: Providencia, del municipio Pueblo Bello conocí a la niña de siete años de edad llamada Atti Zapata. Estudia el grado primero y le gusta dibujar y contar cuentos e historias. Su maestra Blasina Caballero la motiva y orienta su interés por la cultura y la memoria histórica del territorio ancestral donde vive.

En las clases de educación estética su maestra explora la sensibilidad y la aptitud de Atti para el dibujo y la pintura, orientándola a representar la riqueza cultural de la sierra nevada, que tiene un poder territorial que se caracteriza por su biodiversidad y el multiculturalismo.

En la escuela la niña aprende a valorar el paisaje y sus dibujos muestran la belleza ambiental de su pueblo natal: Pueblo Bello. Esta alumna aprende en la escuela a conocer la fauna y la flora que es abundante y diversa en la Sierra Nevada, y se encariña con el aleteo del colibrí que le muestra en su plumaje el color, que tanto le gusta colocar a sus dibujos, sobresaliendo el color de los rayos del sol y del arcoíris cuando aparece la lluvia. Atti es una niña muy genial y su talento como pintora del paisaje es para apreciar, orientar y estimular cada día su proceso de aprendizaje.

En su familia se forma como tejedora de mochila Arhuaca, porque observa a su mamá la señora Marilyn que es una artista del arte textil ancestral, sus diseños al elaborar la mochila representan el poder de la mujer con el oficio del tejido, que siempre piensa en la formación de sus hijos para este oficio artesanal, donde sus manos tejen una memoria que ella observa y plasma al tejer la mochila.

Atti Zapata observa y pregunta: ¿Cómo se teje la mochila?, ¿Qué significa lo que representa el diseño del tejido?, ¿Cómo se nombra la mochila para el recuerdo del trabajo? Ella es una niña preguntona y juguetona con los saberes y conocimientos de sus mayores que han sabido heredar este arte. A su escuela llega vestida de niña arhuaca luciendo su traje blanco tradicional adornado de collares y mostrando su hermosa cabellera negra, larga y de pelo liso que lleva un cintillo tejido en lana de colores naturales que su abuelita le regaló.

Ella está aprendiendo en su hogar y escuela a ser lo más fiel posible a su propia memoria milenaria en la Sierra a nivel del oficio en el tejido y el vestir, además del lenguaje, sus costumbres y tradiciones rituales. Con sus dibujos infantiles representa la belleza de los picos de montaña, sus rocas y piedras que la sostienen formando una hilera adornada con sus árboles y flores nativas que se refrescan con el caudal del rio Ariguaní. Recordemos que la Sierra nevada fue declarada por la UNESCO un patrimonio cultural de la humanidad por ser un territorio colombiano que posee riquezas ambientales, cuencas hídricas y biodiversidad en fauna y flora, y además ampara desde hace siglos una cultura ancestral etnológica, lingüística y multicultural exclusiva de nuestro país.

Atti Zapata como niña indígena se siente orgullosa de su territorio y en sus dibujos lo refleja, pintando la mirada con ternura de la belleza del paisaje en la Sierra de Pueblo Bello. Cuando interpretamos su obra de arte infantil se puede decir que son un lento naufragio del deseo, porque ella se da a conocer con su tierna sensibilidad y añoranza por el respeto y valoración del paisaje que pinta. Sus dibujos nos permiten comprender que el color sumado al calor del sol, decora la tierra adornándola de figuras y sombras que sus niños representan en sus tareas escolares con mucho orgullo.

Esa tierra fértil, abonada y mineralizada es propicia para la siembra con la cosecha productiva de sus semillas nativas y ellos la cultivan en la escuela con su huerta escolar, donde observan y experimentan el proceso de germinación.

Atti es una niña conversadora con el lápiz y el papel mientras dibuja, y así plasma su deseo poniendo el habla en el color y los trazos con rasgos infantiles de sus figuras que al mirarlas nos evocan un suspiro por la intensidad y el ritmo del color para mostrar el paisaje de la Sierra. Ella nos invita con su arte pictórico a pensar en el aprecio y la estima por la madre naturaleza, su ancestral y milenaria Pacha Mama.

Los dibujos que realiza Atti Zapata pintando las montañas y picos de nevada si los observamos en detalle son líneas secas y ondulantes, que muestran tajante una luz para venerar los cerros como una belleza natural llena de colores vivos. Sus rocas y piedras milenarias que en hilera sostienen la montaña, muestran sus desfiladeros deslumbrantes hacia el lecho del rio. Una Sierra Nevada tapizada de caminos curvos con marcas de piedra labrada en sus orillas que habla, invitándonos a mirarla y registrarla en fotografía para el recuerdo como testimonio de un patrimonio vivo en la nación colombiana, digno de escribir su memoria histórica y cultural en la escuela donde se estudia.

Los caminos que bordean la sierra nevada son de barro rojo y arcillosos llenos de minerales nutritivos que abonan la tierra para la siembra y cosecha. Esos caminos por sus laderas son adornados por el follaje y rastrojo que nutre a los árboles nativos llenos de aromas y perfumes agradables al olfato, estimulando la respiración del aire puro que penetra lo más profundo del pulmón para sanarlo y aliviar la tos del enfermo. Esos momenticos vividos con el ambiente natural, son el motivo para componer una canción vallenata o escribir un verso poético a la música del viento, el color del bosque y el sonido del rio.

Cuando uno sube al lomo de la montaña donde nace el sol que quiebra la neblina para abrir el paso al caminante, se puede apreciar el paisaje vistiéndose de colores en espectros de luces y resplandores solares. Al terminar el día aparecen los arreboles en el cielo y el viento viajero, arrastra el cuerpo diminuto de un colibrí y lo balancea en la copa de los árboles de ceiba o el pino como un barrilete de los colores del arcoíris. Esos atardeceres llevan a sus pobladores a murmurar: “miren apareció el sol de los venados, y la tarde va muriéndose en el rio”

En las noches frías de luna llena se escucha el ulular de la lechuza o el búho, que aguaitan un ratón o un conejo silvestre en la oscuridad. Es esa negrura del tiempo que aprovechan los insectos y batracios para tocar el concierto de sonidos nocturnos, acompañados por los chirridos del grillo, el cucarrón y la luciérnaga.

La niña Atti educa su lenguaje en la narrativa de cuentos, historias y leyendas que relatan sus mitos y tradiciones culturales, generando en su territorio ancestral desde hace siglos, marcas y huellas imborrables en la historia colombiana. Al hablar ella es muy comunicativa en su expresión dialogal, sabe hilar bien sus palabras al contar un cuento o una historia de sus juegos infantiles. La escuela pública debería tener por lema. “Todos los usos de la palabra para todos”.

Ella solo reclama de sus mayores una frase: “Déjale en paz. Está creciendo”, porque los niños de la Sierra son geniales, allí gozan del silencio solitario del bosque con la música del trinar de los pájaros y eco del viento al estrellarse en las rocas montañosas. Ellos necesitan aprender a mirar con atención, para afinar su poesía al hablar y escribir sobre el poder ancestral del territorio que es energético, mágico, espiritual y cultural. Ese ambiente provoca y estimula la imaginación creadora de la niña para jugar con la palabra.

En sus conversaciones cotidianas y sus recreos en la escuela es muy común escuchar: “El sol está en el filo de la montaña y ya los pájaros te saludan”, “La piedra es como una roca ardiente, un globo de fuego que hace brotar la vida en el pantano y el lecho del rio”, “El azulejo lleva el color del firmamento en sus espaldas y el colibrí es un duendecillo que vuela velozmente”. El otro día escuche a la orilla del camino cuando viajaba para la Sierra que un niño arhuaco gritaba: “La roca está viva y juega con el viento refrescando el camino real que pasa entre ellas”.

La poesía costumbrista teje un camino por ciclos que marca un territorio para resaltarlo y valorarlo a través de la estética, este es u oficio para cada nación, su cultura y su idioma. El poeta con el verso del poema nos hace recordar como oír el latir de la tierra y los problemas sociales que azotan y exilian a sus moradores con el conflicto.

En mis viajes de visita escuelas rurales en la Sierra Nevada, he podido escuchar las voces y pensamientos mágicos de los niños y niñas, que en sus patios de recreo juegan con las palabras fantásticas que dignifican su entorno ambiental. Esa algarabía de fiesta con su lenguaje se generó jugando con el calor de temperatura y el color radiante del sol. Comentaban: “El sol es una flor amarilla como un girasol que se abre en el pico de la montaña”, “Allá en la punta del cerro se ven los primeros rayitos”, “El sol acaricia los picos de la nevada con sus ojos grandotes y sus resplandores la abrazan de color”. Un chiquitín que jugaba canicas entretenido se paró del suelo diciendo: “El árbol de totumo tiene un nido de colibrí y el sol hace brillar las totumitas”, “Mi abuelito que vivía en Nabusimaque me contaba que el sol nace en esa montaña y abriga los árboles para que los pájaros celebren el amanecer del día”.

La vida cotidiana en la Sierra Nevada florece con las comunidades que allí habitan conviviendo en paz y armonía con la naturaleza (Arhuacos, Koguis, Wiwas y Kankuamos) y ella no es más que una lenta rememoración de la infancia cada día. Generación tras generación ha vivido y perpetuado los recuerdos en la memoria significativa del territorio de energía ancestral con el orgullo de pertenecer a él; por esta razón lo conservan cuidándolo de la contaminación ambiental, la tala del árbol y el saqueo arqueológico.

La historia y su memoria en Colombia lo han reivindicado por guardar tesoros antropológicos, arqueológicos, lingüísticos, signos jeroglíficos, petroglifos, orfebrería y cerámicas que dan testimonio de su trabajo, el oficio y su arte. Es el caso de Teyuna, una ciudad de piedra oculta y perdida en la montaña más alta del país. La UNESCO declaró este territorio sagrado como un patrimonio cultural de la humanidad. La Sierra Nevada con su riqueza ambiental y etnológica tiene un paisaje único, bello y mágico que embruja al turista cuando la visita. Los admiradores del saber ecológico y antropológico la observamos y apreciamos con mirada científica, porque en Colombia es hoy en realidad una creación orgánica, ancestral merecedora de asombro para contemplar invitándonos a luchar por cuidarla y defenderla en su biodiversidad de fauna y flora y multiculturalismo de su lengua, por intermedio de la investigación académica y la justicia para reclamar sus derechos como ciudadanos colombianos, según la constitución política del año 1991.

El lenguaje de la imaginación abre la compuerta de la mente infantil, hacia caminos que conducen hacia otros tiempos y espacios. Los cuentos y la poesía en la escuela y colegios enseñan al niño y al joven a despertar su imaginación creadora, inventiva y curiosa para ayudarlo a comprender mejor la realidad socio- histórica que lo circunda. Su entorno ambiental y cultural en la Sierra los invita a escribir y motivarse por iniciativas de investigación en ciencia, arte, cultura y política.

El imaginario colectivo representa a cada instante el sentido implícito de la realidad social y natural, por eso la institución educativa debe enseñar poesía como una especie de didáctica con los juegos del lenguaje, descartando la recitación y el memorismo del poema. Fomentar una revolución del lenguaje poético, que invite a descubrir el contexto social y antropológico que el entorno posee como riqueza cultural y ambiental.

En la Sierra Nevada los niños y niñas se enriquecen al crecer en ese mundo natural, porque estimulan el sentido de la visión y la audición. Su bien principal será la visibilidad, pero también aprenden a oír el silencio y calibrar el sonido del eco en la montaña. No es muy común encontrar un niño indígena que use gafas o padezca defectos físicos de ceguera y sordera. Ellos son muy despiertos al sonido y curiosos con la imagen lo que fomenta su creatividad y ensoñación.

El proceso educativo que se ofrece por parte del Estado colombiano, se orienta desde la etno-educación y el respeto al culto de sus creencias y cosmovisiones, sus lenguajes dialectales y las costumbres tradicionales. Los programas curriculares se deberían ajustar en relación con la enseñanza de la historia, ciencia y educación estética para adecuarlos a las necesidades del territorio y poder potenciar sus riquezas ecológicas y el valor de paisaje boscoso tropical. Motivar en los alumnos nuevas formas de pensar que orienten la investigación sobre la riqueza biodiversa en fauna y flora, el poder etnográfico y social del multiculturalismo, sin olvidar la formación en el arte y las habilidades básicas de lectura y escritura, que lo habilitan para comprender el territorio.

El cuento y el poema contribuyen en la escuela y colegio a rescatar una memoria colectiva y conservar una tradición en la narrativa de la lengua materna y sus dialectos. Educar y explorar una imaginación abierta en la comunidad educativa, permite explicar nuevos significados del territorio por intermedio del lenguaje que funciona activamente con su pensamiento mágico y fantástico en su comprensión y conocimiento. Por ejemplo un cuento ayuda al estudiante a entender mejor la historia y el poder de la cultura en la apropiación y pertinencia al territorio donde se vive y se piensa cada día.

El poeta Rene Char nos dice: “Escucha a la palabra realizar lo que dice. Siente la palabra ser a su vez lo que tú eres. Y su existencia se vuelve doblemente tuya”.

Provocar el deseo, la aventura y el riesgo por el conocimiento en la escuela y colegio, será un reto de la modernidad educativa en Colombia. La poesía siempre lleva al estudiante de lo conocido a lo desconocido y en tal sentido la innovación con invención hace la construcción del saber en lo rural; algo diferente que marca distancia con lo urbano, mostrando las diferencias con características pedagógicas de aprendizaje significativo en el desarrollo académico de la comunidad beneficiada.

Finalmente, como anécdota curiosa con respecto al cuerpo que se educa y se orienta en la escuela, me permito relatar lo que escuche al visitar una escuela rural en la Sierra Nevada donde los niños y niñas jugaban a los enamorados escondiéndose entre los árboles nativos. Ellos decían: “Me fui escondiendo, en un rincón de tu cariño, como se esconden los niños y niñas en el rincón del patio de recreo a jugar y ahí me quedé mirándote y me puse a reír”. El juego y la lúdica creativa permiten el abrazo y la mirada al cuerpo, que también reclama conocimiento y comprensión. Enseñar su aprecio y respeto con honestidad será una tarea de la educación sensible.

Enseñar en la escuela a los estudiantes el valor de la caricia en la vida del ser humano, fortalece el poder de los afectos, sentimientos y el cariño, que son factores fundamentales para conocer y vivenciar el amor. Así podríamos empezar a entender que el sano contacto, la caricia a la piel no es un tabú y que dar un beso no es pecado; porque la belleza del cuerpo empieza por cuidar la piel, Porqué “El cuerpo es esa superficie del ser, esa playa virgen y sin huellas, esa naturaleza” Enseñar a vivir en el amor y aprender a conocer lo que significa en la pareja y en la sociedad, nos facilitará poderlo conocer, respetar y adorar como una fuerza de la vida energética e inteligente, que obra en nuestro ser y es necesario para triunfar y progresar siendo útil al territorio donde se nace, se vive y se piensa un mundo mejor para todos en comunidad.

Paipa febrero 3 de 2019

 

Referencias Bibliográficas:

Pikouch,Natalia. Poesía para niños. Antología de Poesía escrita en español. Editorial Universidad de Antioquia Medellín. 2000

Jean. Georges. Los senderos de la imaginación infantil. Los cuentos, los poemas y la realidad. Fondo de cultura económica. México.1979

  1. Rodari. Gianni. Gramática de la fantasía. Introducción al arte de inventar historias. Editorial panamericana marzo 1999
  2. Baudrillard, Jean. El intercambio simbólico y la muerte. Editorial Monte Ávila. Caracas 1980
Publicado en Revista No. 13 - 14, Pluriculturalidad

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